Apocalipse de Baruque

APOCALIPSE DE BARUQUE —

O Livro de Baruch, de Justino, é um mito gnóstico judeu, no Éden, que hoje existe em uma forma helenizada levemente cristianizada. Um grande fragmento de uma escritura maior, Baruch está preservado somente como uma paráfrase na Refutação de Todas as Heresias de Hipólito de Roma. Quem seria o verdadeiro autor do Livro de Baruch se desconhece. Hipólito só nos informa que é um gnóstico chamado Justino (não confundir com Justino Mártir).

Baruch pode ser uma dos textos gnósticos mais antigos, um elo perdido entre o monoteísmo judaico e o gnosticismo. Elohim ainda é Elohim do Gênesis, essencialmente o deus criador bom, mas não é mais o deus omnipotente, pois se reporta a uma divindade acima dele, cujo epíteto é “o Bom”. Elohim não está isento de fraquezas, no entanto não é o demiurgo demonizado que se tornará no gnosticismo clássico. Na escritura gnóstica normativa, o deus criador da Bíblia será declarado culpado de ter criado humanos na terra e ter aprisionado suas partículas divinas de luz espiritual dentro da prisão da carne material. Para este travesti, Elohim receberá epítetos horrorosos, enquanto seu mestre presente, o Bom, adquirirá, enquanto fonte invisível de luz espiritual, nomes luminosos. Pois agora, neste momento quintessencial do desenvolvimento gnóstico, temos a anomalia do poderoso Elohim judeu familiar sendo guiado por seu novo mestre gnóstico, o Bom. O Livro de Baruch, então, é nosso primeiro claro paradigma do dualismo gnóstico no qual autoridade celeste e terrena é compartilhada por duas divindades, uma das quais Elohim, eventualmente se tornará a chave do problema, a totalidade gnóstica do qual todo espírito emana e à qual toda luz retorna.

Livro de Baruque (bíblico)
Excertos de NUEVO DICCIONARIO DE TEOLOGIA BIBLICA

Esta obra deuterocanónica, según la técnica de la pseudonimia bastante frecuente en la literatura bíblica y apócrifa de la época helenista, se coloca bajo el patronazgo de Baruc (“Bendito”), el fiel secretario de Jeremías (cf Jer 32; 36; 43; 45); así se explica su posición en la Biblia católica, detrás de Jeremías y de las Lamentaciones. En realidad, se trata de una antología de diversos trozos de redacción tardía (probablemente del siglo II a.C.), que han llegado a nosotros solamente en griego. Quizá el salmo penitencial inicial (1,13-3,8) fuera compuesto en hebreo; algunos exegetas piensan que puede suponerse una matriz hebrea o aramea para todas las perícopas que componen la antología. De cualquier forma, se trata de una cuestión de difícil solución.

Idealmente podemos pensar que el libro de Baruc puede copiarse en cuatro grandes folios; cada uno de ellos recoge una sección de esta antología de géneros literarios diferentes. La primera página comprendería 1,1-14, y es una especie de Prólogo histórico. Se trata de una perícopa bastante compleja y artificiosa, redactada en un lenguaje cargado de datos históricos. Parece servir de introducción al texto penitencial que viene a continuación. Por primera vez aparece también la idea de una peregrinación anual de la “diáspora” a Jerusalén.

La segunda página de la antología es, por el contrario, una liturgia penitencial (1,15-3,8), un género de enorme éxito en el posexilio, cuando se intentaba, interpretar la tragedia del destierro como la consecuencia de la aplicación por parte de Dios de la teoría de la retribución “pecado-castigo”. El sufrimiento presente se ve como consecuencia de la participación in solidum en el pecado de los padres (cf Esd 9,6-16; Neh 9,637; 1,5-11; Is 63,7-64,11; Si 36,1-19; Dan 3,26-45; 9,4-19). Las relaciones bastante claras que nuestro texto presenta con Dan 9,4-.19 pueden ser útiles para señalar su fecha de composición. Pero la perícopa resulta muy cargada, construida en una andadura in crescendo marcada por repeticiones enfáticas y barrocas. El movimiento estructural de la composición es doble, y comprende una confesión de los pecados (1,15-2,10) y una súplica (2,11-3,8). Los temas son los tradicionales: evocación de los pecados pasados, reconocimiento repetido de la propia culpabilidad, recuerdo de los castigos infligidos por la justicia de Dios, súplica y confianza en las promesas divinas.

La tercera página de la antología contiene más bien un himno sapiencial (3,9-4,4). Como Sl 24, este himno tiende a identificar la sabiduría divina con la tórah, “el libro de los mandamientos de Dios, la ley que permanece eternamente” (4,1). Este poema se hizo popular gracias a su uso en la liturgia judía del Kippur y en el leccionario cristiano de la vigilia pascual.

La cuarta y última página es una homilía profética, inspirada sobre todo en el Segundo Isaías (Is 40,4; 41,19; 42,15-16; 49,11) y relacionada también con los apócrifos Salmos de Salomón (siglo II a.C.). En contra de la infidelidad de Israel que conduce a la catástrofe, surge el Señor fiel, llamado con un título bastante extraño en la Biblia: “Eternos” (4,10.14.22.35; 5,2). El horizonte hacia el que se proyecta la homilía es el de Jerusalén inmersa en la “magnificencia de la gloria que te viene de Dios” (5,1), en la alegría, en la paz, en la justicia.



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