El espíritu (nous) que huye del mundo exterior y se concentra en el interior vuelve a si mismo; se une de ese modo a su Verbo (
logos:) mental natural y, mediante ese verbo esencialmente inherente, se une a la oración (
euche). Por la oración se eleva a la ciencia de Dios con todo el poder y todo el peso de su amor (
eros). Entonces se desvanece la ambición de la carne (
sarx), cesan todas las sensaciones de placer (
hedone), las bellezas de la tierra ya no tienen atractivo para él… el alma (
psyche) se compromete con la belleza de Cristo… ella ve a Cristo, lo tiene presente ante sí, conversa con él en la oración pura y goza de sus delicias… Pues Dios -por ser así amado, por ser así nombrado, por ser así llamado en ayuda- recibe el lenguaje de la oración y concede al alma que ora una alegría inexpresable. El alma que «se acuerda de Dios» (
mneme Theou) en la conversación de la oración «es alegrada por el Señor» (Sal 77, 4). Pensamientos diversos