User Tools

Site Tools


oracao:oracao:marmion-oracao:start

Differences

This shows you the differences between two versions of the page.

Link to this comparison view

Both sides previous revisionPrevious revision
oracao:oracao:marmion-oracao:start [10/01/2026 16:03] mccastrooracao:oracao:marmion-oracao:start [11/01/2026 06:14] (current) – external edit 127.0.0.1
Line 1: Line 1:
 ===== DOM MARMION ORAÇÃO ===== ===== DOM MARMION ORAÇÃO =====
-Dom Columba Marmion — La oración en [[biblia:figuras:nt-personagens:cristo:start|Cristo]]+Dom Columba Marmion — La oración en Cristo
 Excertos Excertos
  
Line 17: Line 17:
 ---- ----
  
-Mas este trato o conversación del hijo de Dios con su Padre celestial se verifica bajo la acción del Espíritu Santo.- En efecto, Dios, por medio del profeta Zacarías, había prometido que, en la Nueva Alianza, «derramaría sobre las almas el espíritu de gracia y de oración» (Zac 12,10). Este espíritu es el Espíritu Santo, el Espíritu de adopción, que Dios envía a los corazones de aquellos que tiene predestinados a ser sus hijos en Cristo Jesús. Los dones que este Espíritu [[biblia:figuras:divindade:divino:start|Divino]] infunde en nuestras almas el día del bautismo, juntamente con la gracia, nos ayudan en nuestras relaciones con el Padre celestial. El don de temor nos llena de reverencia ante su divino acatamiento; el don de piedad hace compatible con esa reverencia la ternura propia de un hijo hacia su padre; el don de ciencia presenta al alma con nueva luz las verdades de orden natural, el don de inteligencia la hace penetrar en las profundidades ocultas de los misterios de la fe; el don de sabiduría le da el gusto, el conocimiento afectivo de las verdades reveladas. Los dones del Espíritu Santo son disposiciones muy reales a las que no prestamos bastante atención; por ellos el Espíritu Santo, que mora en el alma del bautizado, como en un templo, la ayuda y guía en sus relaciones con el Padre celestial: «El Espíritu Santo fortalece nuestra flaqueza... El mismo ruega por nosotros con gemidos inenarrables». (Rm 8,26) (El Espíritu Santo es el alma de nuestras oraciones; El nos las inspira y hace que sean siempre admisibles. Catec. del Conc. de Trento, 4ª parte, c. 1, 7).+Mas este trato o conversación del hijo de Dios con su Padre celestial se verifica bajo la acción del Espíritu Santo.- En efecto, Dios, por medio del profeta Zacarías, había prometido que, en la Nueva Alianza, «derramaría sobre las almas el espíritu de gracia y de oración» (Zac 12,10). Este espíritu es el Espíritu Santo, el Espíritu de adopción, que Dios envía a los corazones de aquellos que tiene predestinados a ser sus hijos en Cristo Jesús. Los dones que este Espíritu Divino infunde en nuestras almas el día del bautismo, juntamente con la gracia, nos ayudan en nuestras relaciones con el Padre celestial. El don de temor nos llena de reverencia ante su divino acatamiento; el don de piedad hace compatible con esa reverencia la ternura propia de un hijo hacia su padre; el don de ciencia presenta al alma con nueva luz las verdades de orden natural, el don de inteligencia la hace penetrar en las profundidades ocultas de los misterios de la fe; el don de sabiduría le da el gusto, el conocimiento afectivo de las verdades reveladas. Los dones del Espíritu Santo son disposiciones muy reales a las que no prestamos bastante atención; por ellos el Espíritu Santo, que mora en el alma del bautizado, como en un templo, la ayuda y guía en sus relaciones con el Padre celestial: «El Espíritu Santo fortalece nuestra flaqueza... El mismo ruega por nosotros con gemidos inenarrables». (Rm 8,26) (El Espíritu Santo es el alma de nuestras oraciones; El nos las inspira y hace que sean siempre admisibles. Catec. del Conc. de Trento, 4ª parte, c. 1, 7).
  
 El elemento esencial de la oración es el contacto sobrenatural del alma con Dios, mediante el cual el alma recibe aquella vida divina que es la fuente de toda santidad. Este contacto se establece cuando el alma, elevada por la fe y el amor, apoyada en Jesucristo, se entrega a Dios, a su voluntad, por un movimiento del Espíritu Santo: «El sabio se ocupa desde el alba en velar ante el Dios que le ha creado, y eleva sus oraciones ante el Altísimo» (Ecli 39,6). Ningún raciocinio, ningún esfuerzo puramente natural puede producir este contacto: «Nadie puede decir: Señor Jesús, si no es movido por la gracia del Espíritu Santo» (1Cor 12,3). Este contacto se verifica en las oscuridades de la fe, pero llena el alma de luz y de vida. El elemento esencial de la oración es el contacto sobrenatural del alma con Dios, mediante el cual el alma recibe aquella vida divina que es la fuente de toda santidad. Este contacto se establece cuando el alma, elevada por la fe y el amor, apoyada en Jesucristo, se entrega a Dios, a su voluntad, por un movimiento del Espíritu Santo: «El sabio se ocupa desde el alba en velar ante el Dios que le ha creado, y eleva sus oraciones ante el Altísimo» (Ecli 39,6). Ningún raciocinio, ningún esfuerzo puramente natural puede producir este contacto: «Nadie puede decir: Señor Jesús, si no es movido por la gracia del Espíritu Santo» (1Cor 12,3). Este contacto se verifica en las oscuridades de la fe, pero llena el alma de luz y de vida.
/home/mccastro/public_html/cristologia/data/pages/oracao/oracao/marmion-oracao/start.txt · Last modified: by 127.0.0.1