| Al considerar la Biblia desde este punto de vista transcendental (y dejando de lado todo lo que separa una obra individual moderna de un conjunto de textos muy antiguos redactados en épocas diferentes por diferentes autores), vemos aquello que diferencia a estas dos problemáticas, una de las cuales relaciona la esencia del hombre con el mundo, y la otra con Dios, en este caso, con la Vida. Si, como Kierkegaard en el siglo XIX, todavía hoy en día algunos pueden encontrar la Biblia infinitamente más profunda que la Crítica de la razón pura, a pesar de la extraordinaria potencia conceptual de Kant y de la elaboración sin igual de su terminología, es únicamente por esta diferencia fundamental de las temáticas, de las cuales sólo la primera nos atañe en lo más hondo de nosotros mismos, pues tanto en la vida teórica como en la práctica, desde que nos volvemos hacia el mundo olvidando que no es nunca en él donde comienza el camino de la vida, incluso si este camino comporta etapas, perdemos lo esencial y aquello que no recobraremos nunca. Eso es lo que muestra el ejemplo crucial del Sí transcendental que Kant es incapaz de aprehender en su «sustancia» y «simplicidad» propias, puesto que una y otra no son más que la materia fenomenológica de la Vida absoluta en su fenomenización originaria. Ésta es, en efecto, la confesión trágica de la problemática desértica de la crítica del paralogismo de la psicología racional en la Crítica de la razón pura. Sobre esto, cf. nuestra Généalogie de la psychanalyse, cap. IV: «La subjectivité vide et la vie perdue: la critique kantienne de l' "âme"». | Al considerar la Biblia desde este punto de vista transcendental (y dejando de lado todo lo que separa una obra individual moderna de un conjunto de textos muy antiguos redactados en épocas diferentes por diferentes autores), vemos aquello que diferencia a estas dos problemáticas, una de las cuales relaciona la esencia del hombre con el mundo, y la otra con Dios, en este caso, con la Vida. Si, como Kierkegaard en el siglo XIX, todavía hoy en día algunos pueden encontrar la Biblia infinitamente más profunda que la Crítica de la razón pura, a pesar de la extraordinaria potencia conceptual de Kant y de la elaboración sin igual de su terminología, es únicamente por esta diferencia fundamental de las temáticas, de las cuales sólo la primera nos atañe en lo más hondo de nosotros mismos, pues tanto en la vida teórica como en la práctica, desde que nos volvemos hacia el mundo olvidando que no es nunca en él donde comienza el camino de la vida, incluso si este camino comporta etapas, perdemos lo esencial y aquello que no recobraremos nunca. Eso es lo que muestra el ejemplo crucial del Sí transcendental que Kant es incapaz de aprehender en su «sustancia» y «simplicidad» propias, puesto que una y otra no son más que la materia fenomenológica de la Vida absoluta en su fenomenización originaria. Ésta es, en efecto, la confesión trágica de la problemática desértica de la crítica del paralogismo de la psicología racional en la Crítica de la razón pura. Sobre esto, cf. nuestra Généalogie de la psychanalyse, cap. IV: «La subjectivité vide et la vie perdue: la critique kantienne de l' "âme"». |